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Sin Libertad, No Hay Libre Empresa

Sin libertad, no hay libre empresa

Soy Venezuela se dirige al mayoritario país de ciudadanos que ha visto con creciente incomodidad las posiciones de relevantes representantes gremiales del empresariado venezolano. La última de estas, en ocasión de la reciente Asamblea de Fedecámaras, fue el lamentable escenario donde nuevamente fuimos espectadores avergonzados de posiciones complacientes a favor del régimen, obviando principios y condiciones indispensables que requiere el ánimo emprendedor para impulsar e iniciar el rescate del país.

Una institución que participa del debate público y que detenta la representación de la libre empresa no puede seguir navegando de espaldas a su misión: “Fortalecer al sistema empresarial venezolano, sobre la base de los principios de la libertad económica y la democracia”. Bueno es recordar que muchos de estos dirigentes han avalado alternativamente simulacros de negociaciones con el régimen, compartido fundamentos programáticos y propuestas de grupos políticos de algunas expresiones de la oposición venezolana, sin reconocer la naturaleza del problema que no es otra que el carácter totalitario del régimen, que ahora avanza abiertamente en el proyecto del Estado Comunal.

Los ciudadanos venezolanos deben tener en sus instituciones republicanas un proyecto de país fundado en valores de libertad y para el logro de la prosperidad. Fedecámaras y el resto de las organizaciones empresariales, algunas de ellas centenarias, disponen de un acervo de pensamiento y documentos presentados al país que consagran estos principios y valores de libertad y prosperidad. Baste leer, la Carta Económica de San Cristóbal, de 1948, la de Barquisimeto, de 1958, la de Mérida, de 1962, la de Ciudad Guayana, de 1992 y algunas más recientes.

Cualquier proyecto de país que los ciudadanos tengamos en mente tiene condiciones muy precisas: observancia del Estado de Derecho, seguridad jurídica, absoluto respeto a la dignidad e integridad de las personas y sus bienes, respeto por los derechos de propiedad, recuperación de los servicios públicos y la reducción del tamaño del Estado hasta que deje de ser la distorsión de poder arbitrario que es hoy. Eso es lo que no tenemos hoy y por tanto que debemos exigir y lograr, como punto de partida, para enviar las señales apropiadas para que nuestra diáspora pueda regresar y los inversionistas quieran mirar al país como una oportunidad. 

Mientras se intentan acercamientos de filigrana con un régimen que repudia la libre empresa y cuyo proyecto nunca incluirá al sistema de mercado, el país de verdad, no se engaña con las puestas en escena. El país de los apagones, de la falta de gasolina, el que no tiene acceso a las vacunas, ni a la salud, ni a la educación, que llegó a topes intolerables de pobreza, sin economía, sin moneda, sin servicios básicos, sin seguridad alguna, ni futuro discernible, es ignorado.

El empresario que acompaña a los ciudadanos en nuestras ciudades y pueblos, el que se dedica a la siembra, la cría, la agroindustria, la manufactura, el comercio o los servicios, esté afiliado o no a un gremio, seguramente ve con distancia moral eso que todos vimos y percibimos como un salto hacia la entrega incondicional de la agenda del país. Muy diferente, por cierto, a lo que esos representantes propusieron como parte del plan de gobierno de un futuro gobierno de transición. No puede la cúpula del máximo organismo que agrupa a los empresarios pretender convertirlos en instrumentos políticos destinados a la lucha contra la pobreza, acompañando al régimen causante de la misma.

En momentos de confusión y oscuridad vale la pena volver a los valores fundacionales: “Fedecámaras nació con el objetivo principal de defender y promocionar la libre empresa, defendiendo el desarrollo y la diversificación de la economía nacional, basado en el sistema de la empresa privada y de la libre iniciativa, dentro de un orden jurídico que provea y garantice los derechos del hombre”.

Que esto se esté olvidando nos obliga como ciudadanos a recordar que parte de la crisis que vivimos es ver el derrumbe ético de instituciones que muchas veces fueron heraldos del progreso. Es obligatorio recapacitar y cambiar el rumbo.

Consejo Consultivo de Soy Venezuela

28 de julio de 2021

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